No quiero jugar mas

Hey, ¿cómo andamos?
La verdad es que yo sigo ahí, ahí: en esos días donde la calima, el asma y las alergias hicieron mella en mi cuerpo y mi mente, dejándome sin aire y con un cansancio que pesa más de lo normal.
Y como ya saben los que me leen, aquí vengo a contar mis días, mis duelos y mis aventuras.
La realidad es que llevo unos años de despedidas:
- primero, el duelo de mi ex,
- luego, el de Finlandia y mis amigos,
- después, el de historias que nunca llegaron a ser.

Porque sí, lo admito: me enamoro con facilidad, a veces demasiado. Y en cada final me quedo preguntándome: ¿cuándo acaba este proceso?
A veces pienso que nunca, que la vida me tendrá siempre entre recuerdos y renuncias. A veces creo que sí, que habrá un cierre, un “hasta aquí”.
Por ahora, lo único que tengo claro es esto: decidí no estar con nadie. Ni con personas del pasado ni con nuevas apariciones. Elegí no abrir puertas que no quiero cruzar, no jugar con emociones ajenas ni con las mías. Cerrar apps de citas, no contestar mensajes de «amigos» que te buscan para lo que tu y yo sabemos… siento que no estoy ahora en ese momento.
Porque me pasó: muchas veces fui Summer en esa película, la que dice “es solo diversión” pero termina dejando una estela de dolor. Hasta que me di cuenta de que, en el fondo, también me estaba haciendo daño a mí.
Hoy estoy en cero. Sin ex a cuestas, sin responsabilidades emocionales, sin “amigos con derecho”. Solo yo conmigo. Y no te voy a mentir: aún salgo, aún me buscan, aún me entran. Pero esa chispa de conexión… no la he sentido.
La última vez esperé seis meses para abrirme y cuando lo hice llegué con las manos vacías: sin certezas, sin ganas de sostener nada que no fuera mío, llegue con las manos vacías para sostener un amor entre esta persona y yo… no había pasado que pese, no habían personas por mi parte que molesten y me hagan dudar, no había nada solo yo para dar y recibir amor.

Y no, no ha sido una decisión fácil. Lo he pensado mucho, me he cuestionado más de una vez. Pero sé que lo hago porque no quiero jugar con nadie, porque quiero ser fiel a mí misma, a mi cuerpo y a lo que siento.
Quiero lealtad, amor, bondad, y que sea tan culo inquieto como yo.
No alguien que solo me diga lo maravillosa que soy, que hable de lo bien que puedo hacer sentir a cualquiera, que me admire en lo íntimo o en lo superficial… y que después se vaya como si nada.
Quiero alguien que me vea de verdad, que entienda que mi forma de ser y mi carácter no son un obstáculo, sino un puente hacia algo real.
A veces siento que elegimos personas como si fueran una lista de la compra: que si tenga esto, que si me dé aquello, que si cumpla con lo otro… Yo también tuve mi lista. Y la verdad es que, cuando conozco a alguien y salta esa chispa, siempre falta algo. Esa pieza invisible que no cabe en ninguna lista pero que lo cambia todo.
Así como en su momento decidí dejar de ser “la chica de una sola noche”, hoy decidí dejar de ser “la amiga con derechos de nadie”. Y, por ende, nadie será mi amigo con derechos.
Hasta que no me sienta lista, no quiero dejar que el pasado vuelva en forma de historias a medias que no me llenan, ni abrirle la puerta a nuevas que solo buscan momentos pasajeros. Esta vez siento que, quien deje entrar en mi vida, será alguien que venga para quedarse, que me acepte con mis luces y mis sombras.
Con mis ganas de cuidar y que me cuiden.
Con mi feminidad y pasión.
Con mi sensibilidad e intensidad.
Con mi forma de ser tan cariñosa y amorosa.

Porque al final entendí que no se trata de coleccionar historias, sino de construir reciprocidad. Y aunque ahora camino sola, tengo claro que merezco un amor que se quede.
Un amor que no solo admire, sino que acompañe.
Un amor que no huya, sino que abrace.
Un amor que no me haga sentir demasiado, sino justa.
Y hasta que eso llegue, me abrazo yo.

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